Fuiste una
noche simple y al mismo tiempo hermosa. Todos creyeron que otro te veía. Pero era
yo, desde una posición privilegiada; el que tu risa controlaba y tus manos movían.
Le encanto su humor, desprevenido y delicado. Más horas juntos quedaron y él más
seguro estaba. Aumentando la confianza a pasos largos se besaron tantas veces
como para ella pensar que un mal cometía, pero el único mal cometido era dejar
de besar. Su despido fue sencillo pero importante.